La búsqueda de Agostina Vega, la adolescente de 14 años desaparecida desde el pasado 23 de mayo en Córdoba, tuvo el peor desenlace: su cuerpo fue hallado sin vida luego de una semana marcada por rastrillajes, allanamientos y pericias. Desde el comienzo, la causa estuvo atravesada por contradicciones, reconstrucciones parciales de los hechos y una fuerte presión social para acelerar la búsqueda.
Agostina había sido vista por última vez la noche del sábado pasado, cuando salió de su casa en barrio General Mosconi y tomó un remís rumbo a barrio Cofico. Allí se encontró con Claudio Barrelier, de 33 años, conocido del entorno familiar y señalado desde el inicio de la investigación como la última persona que tuvo contacto con la adolescente.
Con el correr de los días, la investigación acumuló más de 19 allanamientos, análisis de cámaras de seguridad, pericias telefónicas y múltiples testimonios. En ese sentido, la Justicia mantenía bajo secreto de sumario buena parte de las actuaciones mientras intentaba reconstruir qué ocurrió durante las horas posteriores al encuentro entre la menor y el principal sospechoso.
Uno de los puntos centrales de la investigación giró alrededor de la versión aportada por Barrelier. Durante los primeros días, el detenido negó que Agostina hubiera ingresado a su vivienda de barrio Cofico. Sin embargo, registros de cámaras de seguridad y distintas evidencias comenzaron a debilitar esa declaración. Sin embargo, el pasado viernes el acusado terminó admitiendo que la adolescente sí había ingresado a la casa, contradiciendo parte de sus versiones iniciales.
En la jornada de ayer, visiblemente contrariado, tal como se había mostrado en la última conferencia de prensa que brindó cuando se realizó el segundo allanamiento en la vivienda de Barrelier, el fiscal de la causa, Raúl Garzón, aseguró que “hemos encontrado restos humanos que es probable en un 98% que sean de Agostina”.
“Estamos frente a un homicidio, hay una persona imputada y seguramente habrá cambio de calificación legal, pero hay otras circunstancias que deben ser investigadas: cómo, por qué y dónde se desencadenó el hecho”, sostuvo Garzón, quien además explicó que el hallazgo no cierra la causa, sino que abre nuevas preguntas.
En ese sentido, el fiscal remarcó que uno de los principales objetivos será determinar el móvil del crimen, además del contexto en el que la adolescente terminó expuesta a una situación que terminó costándole la vida. “Los entornos son motivos de investigación, las causas que una menor estuviese en esta situación que le costó la vida”, dijo el fiscal, acompañado por el ministro de Seguridad, Juan Pablo Quinteros, quien no realizó ninguna declaración en la conferencia de prensa.
Garzón también confirmó que se analiza la aplicación de agravantes vinculados al aprovechamiento de niños, una línea que podría endurecer el encuadre penal. En paralelo, señaló que deberán determinarse responsabilidades adicionales y reconstruirse movimientos posteriores al hecho.
Defensa de la actuación de la Justicia
Según informó, una de las hipótesis bajo análisis es que el cuerpo habría sido trasladado posteriormente. “El lunes trasladó los restos”, sostuvo, al tiempo que defendió el operativo realizado y rechazó cuestionamientos sobre supuestas demoras. “Esta tarea no hubiese sido posible si no hubiese existido por parte de mucha gente un trabajo serio, de la Policía de Córdoba, Policía Judicial, centenares de personas trabajando desde el primer día por Agostina”.
El fiscal sostuvo que desde el inicio se trabajó sobre múltiples hipótesis y no únicamente sobre una persona. Hubo análisis de datos surgidos dentro y fuera de Córdoba, cruces de información y seguimiento permanente de líneas alternativas. “Inicialmente hubo un encuentro con un amigo y sospechas sobre una persona, pero no se podían abandonar otras líneas de investigación”. Y agregó: “Corresponde analizar todas y cada una de las posibilidades. Datos que surgieron incluso en otras provincias”.
Ante las consultas sobre si el desenlace pudo haberse evitado, el fiscal defendió el procedimiento realizado por la Justicia. “No hacemos absolutamente ninguna autocrítica”, dijo Garzón, quien explicó que el caso no comenzó con una desaparición presenciada sino con una denuncia posterior que obligó a reconstruir movimientos previos. “La de Agostina no fue una desaparición de una niña que desaparece de un lugar. El camino de la búsqueda y la investigación la da una denuncia”, precisó.
En función de la evidencia preliminar y la data de muerte estimada, sostuvo que el homicidio habría ocurrido durante las primeras horas posteriores a la desaparición. “En las primeras horas de su desaparición habría sido asesinada”, sostuvo. La reconstrucción inicial ubica el hecho entre las 22.30 del sábado y la 1 o 2 de la madrugada, es decir, antes incluso de que existiera una denuncia formal.
Para Garzón, ese dato también explica por qué el resultado probablemente ya estaba consumado cuando comenzó la búsqueda oficial. El hallazgo, sostuvo, permite ahora iniciar otra etapa. “El hallazgo de Agostina permite comenzar, con profundo respeto, el duelo de sus padres”, precisó Garzón.
Repercusiones políticas
La desaparición de Agostina generó una enorme movilización social en Córdoba. Familiares, vecinos y amigos realizaron marchas, cortes de calles y pedidos públicos para intensificar la búsqueda. La presión social derivó además en la activación de la Alerta Sofía, el sistema nacional utilizado en casos donde se presume riesgo inminente para niños o adolescentes desaparecidos.
La familia sostuvo desde el inicio que Agostina había ingresado a la vivienda de Barrelier y cuestionó algunas de las versiones difundidas por la defensa del acusado.
El caso ya había comenzado a generar repercusiones políticas luego de que trascendiera que Barrelier integraba la estructura de personal de la Municipalidad de Córdoba. En los últimos días surgieron cuestionamientos públicos sobre su incorporación al Estado municipal y sobre recientes resoluciones administrativas vinculadas a su situación laboral.

