En Santa Lucía hay una verdulería pintoresca que dice mucho más. Ahí, entre cajones de papa, el color de las frutas y la repisa llena de autitos de colección, se respira amor por los fierros. Matías Pacheco (37) y su hija Morena (14), tienen un vínculo especial con caídas, podios y promesas cumplidas. La historia de los Pacheco fierreros de Santa Lucía.
Matías adoptó esta pasión cuando era un niño. Le tocó seguir de cerca la competencia por el papá sus amigos, que era quien competí y se movía en ese mundo. Él no tenía quien lo baque en ese momento y recién a los 20 se animó, cuando lo desafiaron: “¿Te animás a correr en moto?”. Y sin pensarlo se tiró a la pileta y no paró más.
“He tenido varias motos, he corrido por muchos lugares”, le dijo a Tiempo de San Juan. Hasta que un día decidió alejarse un poco: “Ya soy grande, ya no quería correr”. Frente a eso, sabía que a ese amor lo llevaba en la sangre.
En ese tiempo, Morena, su hija, tenía 9 años, cuando fueron a ver las picadas a Caucete y “se enamoró”, expresó Matías, totalmente orgulloso. Dos días después de que esa frase le atravesara el corazón, Matías compró una moto y así arrancó el proyecto Pacheco. Fue un año entero renegando con motores que explotaban. “Son motores normales que los modificás tanto que son propensos a explotar”, contó. Pero en la primera fecha que llegaron, ganaron: “Fue volver después de un montón de años”.
Si bien la historia es compartida, ahora el sueño le pertenece a la pequeña Morena. A los 13 años, cuando le preguntaron qué quería para los 15, no dudó: “No quiero fiesta, quiero una moto”. Matías, que tiene varios ‘palos’ encima por las carreras, tuvo miedo y dijo: “No quería que ella cayera al mismo círculo”, contó.
Sin embargo, fue fiel a su pedido y le armó un chasis más chico: “Ahí va haciendo sus primeras tiradas”. Ella quiere ser como su papá y codearse con los mejores en un mundo tan cerrado y ‘de hombres’.
La pequeña Morena también juega al fútbol en la Universidad. Es arquera de la Sub-15 y la están probando para Reserva. El equilibrio es el desafío: va a la Escuela de Comercio, club, motos… “A su edad quieren todo a la vez”, dice Matías, sobre la fascinación de su hija por el deporte y la pasión por las motos.
“De esto no se vive. Te hace gastar dinero, nada más. Jamás hemos ganado plata corriendo”, aseguró.
Ver a su hija arriba de una moto le da un poco de miedo. “Hoy soy medio rengo por culpa de las motos. Y digo, si yo lo viví, ¿por qué no lo va a vivir ella? Si es hermoso”. Pero puede más el deseo de darle lo que él no tuvo. “Yo no tuve la compañía de un padre que te apoya. Para mí es verme a mí cuando era chico. Que por ahí si alguien se hubiese puesto la camiseta y me hubiese apoyado, hubiese sido mucho mejor”.
“El amor de su mundo son las motos”

