saturación del mercado, consumo en baja y el fantasma chino que no afloja


La Navidad, históricamente una de las fechas más fuertes para las jugueterías argentinas, se acerca con un panorama lejos del ideal. La Cámara Argentina de la Industria del Juguete (CAIJ) encendió las alarmas y aseguró que el sector atraviesa “uno de los peores momentos en 20 años”, afectado por cambios de hábitos, caída del poder adquisitivo y un crecimiento descontrolado de importaciones –en su mayoría provenientes de China– que deja a la producción nacional en jaque.

La demanda ya no es lo que era. Según datos oficiales, la población infantil viene en declive sostenido: de 10,4 millones de chicos de 0 a 14 años en 2022, se proyectan apenas 6,8 millones para 2035. Menos niños, menos juguetes. A eso se suma la competencia imbatible de las pantallas, que desplazó buena parte del juego tradicional y achicó la rotación en las góndolas.

El consumo en comercios de barrio y grandes cadenas tampoco acompaña. La billetera está flaca y se nota en los tickets promedio: $22.000 en jugueterías de cercanía y $49.000 en cadenas, con un valor general estimado en $35.000. La mayoría de las compras se financian con tarjeta, clara muestra de la pérdida de poder adquisitivo.

Al mismo tiempo, el sector enfrenta un mercado con sobreoferta. El remanente de stock de 2023, tanto nacional como importado al dólar oficial barato, sigue sin absorberse y frena cualquier intento de repunte productivo.

La “invasión” de importados: récord histórico y precios irrisorios

Entre enero y octubre, las importaciones treparon a US$91,3 millones FOB y 17,5 millones de kilos, un salto del 59,5% en valores y del 94% en volumen respecto de 2024, según datos difundidos por la CAIJ. Y hay un protagonista excluyente: China, que explica el 85,7% del valor y el 94,4% de las cantidades ingresadas.

“No hay antecedentes de lo que estamos viendo: pasamos de 199 a 530 importadores en un año, con consumo en caída. Es una avalancha sin precedentes”, advirtió Matías Furió, presidente de la cámara. Más del 50% del volumen corresponde a productos de menos de US$3 FOB por kilo, lo que genera una competencia imposible de enfrentar para las fábricas locales.

Si se suman juegos de mesa, artículos de aire libre y cotillón, el volumen total de importaciones llega a 28,4 millones de kilos: el más alto en dos décadas.

A la presión del importado legal se suma otra sombra conocida: el contrabando. Según estimaciones sectoriales, el 30% del mercado se mueve por vías irregulares. Comerciantes que viajan a zonas fronterizas en busca de mercadería sin controles, precios de dumping y cero certificación de seguridad: una bomba de tiempo para niños y niñas.

“Seis de cada diez máquinas están frenadas”

Mientras el mercado se inunda de juguetes importados, las fábricas trabajan a media máquina, literalmente. “Hoy tenemos seis de cada diez máquinas paradas sin producir”, aseguró Furió. Y remarcó que la baja arancelaria del 15% no se trasladó al precio de los productos importados: “Entraron más baratos para los importadores, pero no para las familias”.

El escenario golpea también a los comercios de toda la vida. La CAIJ registró el cierre reciente de jugueterías emblemáticas en distintas provincias y advierte que muchos locales están liquidando mercadería solo para recuperar liquidez. “Hay días que no abrimos la caja”, confesó la dueña de uno de los comercios que bajó la persiana.

Qué pide el sector para evitar un colapso mayor

La cámara elaboró una agenda mínima de urgencias y reclama al Gobierno medidas para evitar que la industria nacional desaparezca del mapa. Entre los pedidos, se destacan:

  • Controles estrictos en frontera y en plataformas online.

  • Publicaciones de venta con marcado de conformidad y QR obligatorio.

  • Trazabilidad completa del producto.

  • Fiscalización de importaciones de bajo valor y subfacturadas.

  • Reglas de competencia claras entre producción nacional e importadores formales.

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