El desafío de acumular reservas: equilibrio inestable


Luego de dos años en los que el Gobierno puso el foco en bajar la inflación —que pasó de niveles cercanos al 200% anual a alrededor de 30%—, en 2026 la economía argentina enfrenta un “trilema”: acumular reservas para fortalecer el balance del BCRA y darle mayor credibilidad y solidez al programa; retomar el proceso de desinflación, interrumpido en mayo de 2025 y lograr que la actividad recupere dinamismo.

En este contexto, el Banco Central (BCRA) pasó de comprar apenas US$198 millones en el mercado de cambios durante 2025 —compró en enero y febrero y luego vendió US$3.367 millones— a más de US$3.000 millones en lo que va de 2026. Sin embargo, las reservas no acompañan ese ritmo. El principal motivo es que el país aún no tiene pleno acceso a los mercados internacionales, por lo que el Tesoro debe afrontar sus vencimientos de deuda en cash (y el BCRA le vende esos dólares). Así, aunque las reservas brutas (RRII) subieron US$4.600 millones en el año, las netas —que descuentan distintos pasivos de la autoridad monetaria— cayeron en más de US$3.000 millones.

Suma y resta. ¿Cómo fue el flujo de divisas que permitió esa acumulación de RRII? Para responderlo, hay que analizar el balance cambiario. Por el momento, está disponible solamente el de enero, que mostró una dinámica similar a la observada durante casi todo 2025: déficit de Cuenta Corriente (CC) compensado por ingresos de capital privado. El superávit de la Cuenta Financiera (CF) fue suficiente para que las RRII del BCRA se incrementaran en US$2.240 millones por factores transaccionales. La estrategia oficial apunta a que este esquema se sostenga durante el resto de 2026. Hacia adelante, la principal incógnita es si el financiamiento vía CF —junto con un eventual superávit de CC, sobre la base de la caja— alcanzará para cubrir el atesoramiento de los individuos y, al mismo tiempo, permitir una acumulación de reservas del BCRA, en un escenario que luce más exigente en 2027 tanto por el calendario electoral como por el perfil de vencimientos.

La CC registró un saldo negativo de US$919 millones, casi la mitad del observado en enero de 2025 (US$-1.656 millones). La principal diferencia estuvo en el resultado comercial de bienes, que alcanzó US$2.014 millones frente a US$425 millones el año anterior. La mejora obedece al desempeño de las importaciones, que totalizaron US$4.800 millones, el segundo nivel más bajo desde la normalización del acceso al mercado de cambios para su cancelación a mediados de 2024. Entre los factores detrás de este comportamiento probablemente se encuentre una actividad que, pese al repunte de diciembre por elementos puntuales, continúa débil, junto con el fuerte incremento de las compras externas en el último año —que crecieron 30% en cantidades—.

En tanto, las exportaciones de bienes sumaron US$6.814 millones (+3% interanual), impulsadas por el sector agroindustrial —el 32% del total correspondió a “Oleaginosos y Cerealeros”—, mientras que el saldo de servicios fue de US$-946 millones, lo que implica una mejora interanual cercana al 20%. Este resultado se explica principalmente por un tipo de cambio real 17% superior en enero 2026 respecto de igual mes de 2025, considerando el tipo de cambio real multilateral (ITCRM) y 24% si se considera el bilateral con Brasil.

Por su parte, la CF exhibió un resultado positivo de US$3.147 millones, en donde fueron clave: 1) el préstamo REPO por US$ 3.000 millones concretado por el BCRA, 2) la reducción (venta) de US$1.742 millones en la tenencia de divisas del sector financiero, y 3) el rubro “Préstamos financieros, títulos de deuda y líneas de crédito”, que alcanzó US$2.030 millones, el tercer registro más elevado desde la asunción de Javier Milei.

Flujos. El ingreso de capitales mencionado fue parcialmente compensado por la línea “Compraventa de billetes y divisas sin fines específicos del sector privado no financiero”, que aumentó por segundo mes consecutivo hasta US$-2.730 millones. Dentro de este segmento, “Personas Humanas” registró un déficit aún mayor, de US$ -3.103 millones. Cabe realizar una aclaración: si bien se trató del mayor saldo negativo para un enero en toda la serie (27% por encima del pico previo de 2018, precrisis de balanza de pagos), una porción relevante responde a la adquisición de dólares para el pago de consumos con tarjeta (cuando se abonan en pesos continúa vigente el recargo del 30%), así como a transferencias de fondos desde cuentas locales hacia el exterior. Es decir, en el pasado esta línea reflejaba exclusivamente atesoramiento; hoy solo una parte corresponde a esa motivación. A partir de la información provista por el BCRA, puede estimarse un proxy de demanda genuina con fines de ahorro, que habría rondado los US$1.800 millones en enero, un valor similar al de diciembre y 70% inferior al pico preelectoral de septiembre.

Escenarios. De cara al futuro, la principal incógnita continúa siendo la demanda de pesos de los individuos y su contracara, el atesoramiento en dólares. Aunque el nivel de compras disminuyó respecto de los máximos del año pasado, los US$1.800 millones estimados para los últimos dos meses no constituyen un monto menor, especialmente considerando que se dieron en un contexto de “veranito cambiario”.

Por otro lado, es probable que la Cuenta Corriente (en base a la caja) pase a magnitudes positivas en lo que queda del primer semestre, impulsada por un abultado superávit de bienes y un déficit de servicios más acotado que en 2025 (ambos aspectos vinculados con nuestra proyección de crecimiento anual del PBI del 2% al 2,5%, inferior al consenso de mercado, y con un ajuste real del tipo de cambio oficial). Sin embargo, la incógnita sigue estando en la capacidad de la Cuenta Financiera para cubrir las necesidades crecientes y permitir la acumulación de reservas. Bajo el supuesto de financiamiento neto positivo de organismos internacionales y continuidad del flujo de privados (préstamos, obligaciones negociables), la cuestión central es qué proporción de ese excedente será destinada al ahorro por parte de los individuos y cuánto podrá canalizarse hacia la acumulación de reservas del BCRA, en un contexto que luce considerablemente más desafiante hacia 2027, tanto por el perfil de vencimientos como por la incertidumbre asociada al calendario electoral.

*El autor es economista de Invecq.

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por Manuel Cerdán

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