creció la demanda, pero advierten por engaños en instalaciones; y cuánto cuestan


En los últimos años, diversos sistemas de seguridad –cercos eléctricos, cámaras y alarmas– pasaron de ser un sistema reservado para grandes propiedades a convertirse en una herramienta habitual en inmuebles de San Juan. Impulsados por la preocupación por la inseguridad y la necesidad de reforzar la protección del hogar, el rubro experimentó un crecimiento sostenido, aunque actualmente muestra señales de amesetamiento tras un período de fuerte expansión.

Desde el sector coinciden en que el auge se dio especialmente después de la pandemia y se consolidó en los últimos dos o tres años. “Ha aumentado mucho lo que es residencial. Antes era más para barrios privados o empresas, pero hoy cualquier casa lo evalúa como primera opción”, explicó Exequiel Peralta, de GPR Cercos Eléctricos. Sin embargo, aclaró que ese crecimiento tuvo un techo: “Fue un boom. El que lo quería poner ya lo puso, entonces ahora la demanda se mantiene, pero es más baja que en ese pico”.

En la misma línea, Fernando Rivero, de Fermax, sostuvo que la demanda creció de manera sostenida en el tiempo. “Después de la pandemia empezó el auge y en los últimos años aumentó muchísimo. En nuestro caso, las instalaciones crecieron entre un 70% y un 80%”, indicó. Según detalló, actualmente reciben entre 20 y 30 consultas semanales, de las cuales se concretan entre 10 y 15 instalaciones por mes.

Más allá de los números, ambos coinciden en un cambio cultural: la seguridad electrónica dejó de ser un lujo y pasó a ser una necesidad. “Hoy la gente ya lo ve como algo normal, como tener una alarma o una cámara”, explicó Peralta.

Engaños, instalaciones precarias y desconfianza

Uno de los puntos que más preocupa al sector es la proliferación de instalaciones informales, que en muchos casos derivan en problemas para los usuarios. Sin hablar de delitos, los especialistas advierten sobre engaños o prácticas poco profesionales que terminan afectando la confianza en el sistema.

“Hay muchos casos de personas que contratan a alguien que instala y desaparece. Después el cerco falla y nadie se hace cargo”, señaló Peralta. Según explicó, esto genera frustración en los clientes, ya que el sistema requiere mantenimiento y control periódico. “Es peligroso, porque el cliente no se va a subir al techo a revisarlo. Entonces termina con un equipo que no funciona y sin soporte”, agregó.

Rivero coincidió y fue más directo: “Hay muchos engaños. A veces instalan sistemas obsoletos o dicen que la única forma de probarlo es cuando alguien intenta entrar, y eso no es cierto”. En ese sentido, remarcó la importancia de exigir pruebas de funcionamiento y, sobre todo, referencias previas. “No alcanza con que alguien lo haya instalado hace dos días. Hay que buscar trabajos con tiempo para ver si realmente funcionan”, recomendó.

Este escenario también impacta en la elección de los sistemas. Según indicaron, muchos usuarios optan por alarmas o sensores perimetrales ante el temor de malas experiencias con cercos eléctricos mal instalados. “Ha crecido mucho el uso de sensores y barreras, en parte por la estética, pero también por la confianza”, explicó Peralta.

Cuánto cuesta instalar un cerco eléctrico en San Juan

El costo de estos sistemas varía según el tamaño del terreno, las condiciones del lugar y el tipo de instalación. Sin embargo, en el mercado local existen valores de referencia.

Para una vivienda particular, la instalación de un cerco eléctrico puede arrancar desde los 800.000 pesos y superar el millón o millón y medio, dependiendo de los metros. Un perímetro de aproximadamente 50 metros ronda los $800.000, mientras que uno de 100 metros puede acercarse a los $2 millones.

En propiedades más grandes, como barrios privados o terrenos extensos, los valores escalan considerablemente. Pueden alcanzar los 20 millones de pesos, según la superficie. En propiedades más grandes, como barrios privados o terrenos extensos, los valores escalan considerablemente. Pueden alcanzar los 20 millones de pesos, según la superficie.

Por su parte, Rivero indicó que en su caso los presupuestos parten desde el millón de pesos, aunque remarcó que cada instalación requiere una evaluación previa. En el rubro detallaron que no hay un precio único. Los instaladores deben analizar el lugar y las necesidades del cliente.

En cuanto a otras alternativas, las alarmas básicas pueden costar entre 600.000 y 900.000 pesos, mientras que los sistemas con monitoreo implican un abono mensual que ronda los 75.000 pesos. Las cámaras, en tanto, aparecen como una opción más económica: un sistema básico puede costar alrededor de 500.000 pesos.

Entre la eficacia y el mantenimiento

Uno de los aspectos que diferencia al cerco eléctrico de otros sistemas es su función disuasiva. “La alarma actúa cuando el delincuente ya entró. El cerco, en cambio, trabaja en el perímetro y evita el ingreso”, explicó Rivero. Según afirmó, en los casos donde se producen intrusiones en viviendas con cerco, generalmente se debe a fallas en el funcionamiento.

Sin embargo, ese nivel de protección también implica ciertas exigencias. “El cerco está a la intemperie, puede cortarse, tocar una rama o acumular suciedad. Necesita mantenimiento”, indicó Peralta. En ese sentido, recomendó controles periódicos y pruebas de funcionamiento al menos una vez por semana.

El costo de mantenimiento también varía, pero en promedio se ubica entre 60.000 y 100.000 pesos por visita técnica, mientras que otros servicios pueden rondar los 30.000 pesos según la complejidad.

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