La familia de Alejandro Cabrera Iturriaga, el joven sanjuanino de 17 años que desapareció en las aguas de Coquimbo y cuyo caso mantuvo en vilo a dos países durante once días, despidió sus restos este sábado en Chile. Desde la mañana hasta la tarde se realizó el velatorio en el crematorio Serenity, en La Serena, donde allegados y conocidos se acercaron para acompañar a sus seres queridos en un momento marcado por el dolor y el cierre de una búsqueda que había comenzado el 18 de noviembre.
Mientras tanto, sus familiares también expresaron su despedida a través de las redes sociales. “Hoy cierra una etapa, fue dejar en Dios su inmensa voluntad”, escribieron en un mensaje que reflejó la mezcla de tristeza y alivio tras la confirmación del hallazgo del cuerpo.
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Un caso que conmovió a ambos lados de la cordillera
La historia de Alejandro tuvo un fuerte impacto tanto en San Juan como en la región chilena de Coquimbo. El adolescente había sido arrastrado por una ola en la zona de Cuatro Esquinas, en la Avenida del Mar, mientras se encontraba en la playa. Desde ese momento, se inició una intensa búsqueda encabezada por la Armada de Chile, que se extendió día tras día debido a las complejas condiciones del área.
El cuerpo fue encontrado el jueves por una lancha patrullera de Coquimbo, a unos 500 metros del punto central donde se había concentrado el operativo. La localización en un sector inesperado, según explicaron las autoridades, fue una de las razones que prolongó el esfuerzo de los rescatistas.
Un área marítima especialmente compleja
El capitán de Puerto de Coquimbo, Daniel Sarzosa, detalló que la zona donde Alejandro desapareció presenta características oceanográficas irregulares que complican cualquier búsqueda. Se trata de un sector con corrientes submarinas cambiantes, movimientos de agua bajo la superficie y profundos pozones de entre 5 y 20 metros que pueden retener o desplazar cuerpos durante varios días.
“Fue una serie de factores, como las corrientes del lugar, que pudieron haber estado moviendo el cuerpo bajo la superficie. También hay pozones muy pronunciados en el fondo”, explicó el oficial durante el operativo.
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Los equipos de rescate -buzos, salvavidas, personal especializado y bomberos de La Serena- revisaron algunos de los pozones hasta cinco veces, con apoyo tecnológico del Cuerpo de Bomberos local. Sin embargo, la dinámica del fondo marino, influida por las mareas y las variaciones diarias del oleaje, hizo que el cuerpo no emergiera en los lugares previstos.
La Armada esperaba que, como ocurre habitualmente, el cuerpo saliera a la superficie alrededor del séptimo día, posiblemente en sectores cercanos como Punta Teatinos o Peñuelas. Pero nada de eso ocurrió. Finalmente, Alejandro emergió al día once y justo frente al mismo punto donde desapareció, un comportamiento que los especialistas calificaron como poco habitual para esa playa.
Un operativo que nunca se detuvo
Aunque la búsqueda oficial se había reducido para optimizar recursos, desde la Armada aclararon que nunca se interrumpió. “El gobernador marítimo dispuso que nuestras patrullas siguieran funcionando y rebuscando”, señaló Sarzosa. Fue una de esas patrulleras la que detectó el cuerpo el jueves, permitiendo cerrar un operativo que sumó a bomberos, personal municipal, salvavidas, pescadores, surfistas y vecinos que colaboraron solidariamente.
Tras el hallazgo, el capitán informó personalmente a la familia para evitar la difusión prematura de la noticia y acompañarlos en un momento especialmente sensible. La participación de múltiples equipos y la coordinación permanente permitieron que la búsqueda se extendiera más allá de los plazos habituales.
Un llamado a extremar cuidados ante el verano
Con el inicio de la temporada estival, las autoridades chilenas insistieron en la necesidad de extremar precauciones en las playas del litoral. “La idea es que de este trágico accidente saquemos lecciones. Hay que respetar el mar. Muchas veces se olvidan los riesgos”, advirtió Sarzosa.
