La Argentina atraviesa una etapa de reordenamiento de precios relativos después de los picos inflacionarios que marcaron el inicio del programa económico. A partir del testimonio del economista Fernando Marengo, en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), se proyecta para 2026 una “U invertida” respecto al año pasado, donde la mayor presión se concentrará en el primer semestre para luego converger hacia una estabilidad dependiente de la liquidación de divisas del sector energético.
El economista argentino, Fernando Marengo, se desempeña como economista jefe de BlackTORO Global Investments y es reconocido por su labor previa como socio de la consultora de Ricardo Arriazu. Su enfoque suele centrarse en el análisis de la coyuntura monetaria, la política fiscal y las proyecciones de crecimiento de Argentina en el contexto global, participando como columnista y analista en los medios de comunicación económicos.
Su proyección es que la inflación bajaría en el segundo semestre a 1,5 mensual, que fue la inflación más baja que tuvo el gobierno a comienzos del segundo trimestre del año pasado. O sea, puedo graficar a los legos en economía que va a ser invertida la inflación en 2026 respecto de 2025: en 2025 el primer semestre fue más bajo y el segundo más alto, y este al revés, el primer semestre sea más alto y el segundo más bajo.
A ver, sí, completamente va a ser una forma invertida el año pasado.
Cuando uno trata de explicar por qué se aceleró y por qué se desaceleraría la inflación, yo diría básicamente tres o cuatro factores. El primero fue que el año pasado, entre abril y septiembre, tuvimos un fuerte proceso de depreciación del tipo de cambio, donde llegó a cotizar el dólar a 1500 pesos. En aquel momento mucha gente planteaba que finalmente en Argentina no había pasaje a precios de la depreciación, y en realidad lo único que pasó es que ocurrió en los meses siguientes.
Entonces, lo primero que diría es que se aceleró la inflación en parte por esta depreciación del tipo de cambio. Ahora, con un tipo de cambio no solamente más estable, sino incluso apreciándose, eso va a generar menos presión de precios. El segundo factor que ayuda a explicar la aceleración y la eventual desaceleración es el precio de la carne. En los últimos dos años subió en los mercados internacionales 70% en dólares.
En Argentina tiene una particularidad: dentro de la canasta del IPC, carne y derivados ponderan casi 10%. Entonces, todo el ajuste de precios domésticos, dado lo que está pasando con los valores internacionales, impacta en ese porcentaje sobre el índice. De hecho, si uno, con un cálculo estadístico, mide la inflación sin el impacto de la carne, está bastante estable en torno al 2,5% en los últimos siete u ocho meses.
El tercer factor puntual de marzo que elevó la inflación a 3,4 fueron otros dos elementos. Por un lado, el ajuste estacional de educación, que subió 12% puntualmente en ese mes, cuando empieza el ciclo lectivo y se actualizan las cuotas; y por otro, la suba del precio de los combustibles como consecuencia de la crisis en Irán. Ahora tenemos a YPF que congeló por 45 días el precio de la nafta, y además educación en abril no va a subir.
Entonces, nuestra primera proyección en abril es una inflación de 2,7 contra el 3,4 de marzo, y después, en la medida en que el tipo de cambio se mantenga estable, como lo estamos viendo, el precio de la carne ya hizo gran parte del catch up. No hay ajuste de educación y vemos que comienza a converger al valor internacional. Eso debería ayudar a ver hacia mitad de año tasas por debajo del 2%, para llegar luego en torno al 1,5.
Eso haría que el año 2026 termine con una inflación similar a 2025, independientemente del formato de U invertida. ¿Qué significa desde el punto de vista del plan inflacionario? ¿Es una derrota que al tercer año finalmente no se baje otro escalón y que recién se tenga esa expectativa para el cuarto? ¿Qué le significa? ¿Qué le indica a usted esto?
Estadísticamente sí tenemos una tasa de inflación parecida en 2025, quizá un par de puntos por debajo, siempre y cuando el tipo de cambio se mantenga estabilizado. Uno tiene argumentos para suponer que este año se mantendría relativamente estable. Ahora, respecto del éxito o fracaso del plan antiinflacionario, yo diría que bajar la inflación del 200% al 25 o 30% es un gran logro.
Siempre se supo que bajar la inflación de ese 25% a un dígito es la parte más difícil del camino.
Ahora, llevarla del 25 o 30% a un dígito es lo más dificultoso. ¿Por qué? Porque hay precios indexados en la economía de acuerdo a la inflación pasada, y al principio ese ajuste es mucho más sencillo. Con el tiempo, cada vez cuesta más. Hay muchos países con historia inflacionaria, como Argentina, donde alcanzar un dígito lleva varios años. Con lo cual está dentro de lo esperable desde el análisis económico. Definitivamente no es un fracaso. Hay un logro importante en cuanto a inflación, aunque resta la etapa más compleja del proceso antiinflacionario.
La inflación en la Argentina no es ni era 200. La inflación promedio fue 25 o 30%. Eso fue lo que dejó Axel Kicillof y Cristina Kirchner; también lo que dejó Macri, e incluso algunos años de Alberto Fernández. Evidentemente, la pandemia generó la necesidad de emitir una cantidad de dinero que en otro contexto no habría sido necesaria, y es algo coyuntural. Tampoco fue 200, porque ese número se dio con la devaluación que hizo el propio Milei de más del 100% en diciembre. La inflación venía a un ritmo, en el peor de los casos, de 6% mensual, lo que daría alrededor de 80% anual. Pero el promedio de los últimos 15 años es 25%. ¿No es un fracaso, con todo el costo social que implica, volver a la inflación previa a la pandemia?
A ver, primero, si uno mira datos de año calendario, es cierto, pero si tomás tasas de variación interanuales móviles, tuviste niveles de 200%. Lo segundo: sí estás volviendo a tasas similares a las de antes, pero hay algo central, que es que antes tenías pisados todos los precios de tarifas y regulados.
Y acá estás desacelerando la inflación con un ajuste de precios relativos muy fuerte.
Entonces, si bien el impacto en el bolsillo es el mismo y eso es discutible, es distinto tener una inflación que arrancó en un dígito a principios de siglo y fue subiendo hasta 80% interanual —sin hablar del 200—, aun con tarifas congeladas, luz, agua, gas y combustible sin pagar en términos reales. No se pagaban con dinero, pero sí con desabastecimiento, que es más costoso que pagar su valor real.
De nuevo, bajar la inflación al 25 o 30% haciendo este ajuste es un gran logro.
Pero llegar a un dígito requiere un esfuerzo adicional.
No es solo el número anual, sino la dinámica, porque eso marca una tendencia. Se puede suponer que ahora es más fácil pasar del 25 o 30 al 18, mientras que antes era estable o creciente, y eso es un aliciente. ¿Y cómo la ve para 2027? ¿Ahí sí podrá bajar del 20% y tener un uno adelante, aunque no sea un dígito?
El gran desafío del año es el tipo de cambio, que es la principal variable para la inflación en Argentina. Cuando hablamos de la aceleración en la segunda mitad del año pasado, estuvo explicada por la depreciación cambiaria.
Al proyectar inflación, lo primero es proyectar el tipo de cambio. ¿Qué sabemos del año que viene? Que es electoral y que en esos años los argentinos compramos dólares como forma de resguardo.
¿Va a haber oferta? Sí, mucha. Veremos la cosecha, pero también se habilita el oleoducto que va de Vaca Muerta a Río Gallegos, lo que casi duplica la exportación de petróleo. Habrá divisas, pero la oferta y la demanda no se mueven al mismo ritmo. Cuando hay demanda por cobertura electoral, el que vende espera un mejor precio.
Entonces la oferta se retrae y eso puede generar depreciación, según cómo intervenga el Banco Central.
No sabemos qué va a hacer el Banco Central. El tipo de cambio hoy está a 30% del techo de la banda. Si no interviene y sube ese 30%, la inflación se va a acelerar. Va a depender de la política cambiaria, en un contexto donde los argentinos dolarizan portafolios.
Así planteado queda claro que el Banco Central interviene solo en el techo, por lo tanto hay 30% de margen de devaluación. Y quizás el año próximo vuelva a ser una U invertida: empezar con 1,5 y terminar con 3 o 4, cerrando otra vez cerca de 30%. Tal vez sea un escenario posible.
Ahí vos sos el especialista en política, pero en un año electoral no sería conveniente que la inflación se acelere en el segundo semestre. Si el tipo de cambio va al techo, ¿lo dejás o intervenís antes?
Desde lo político, el gobierno probablemente tenga incentivos a intervenir antes de llegar a ese límite.
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