“Es mucho más difícil bajar la inflación del 30% a un dígito que del 200% al 30%”, sostuvo Fernando Marengo, economista jefe de BlackToro. En su exposición ante empresarios e inversores que participaron en el Comité de Inversiones de la ALyC SyC Inversiones, trazó un diagnóstico preciso sobre el momento económico argentino: hay crecimiento, pero desigual; hay desinflación, pero con costos para las empresas; y hay un horizonte político que los mercados ya empezaron a descontar.
Al preguntarse si este gobierno es pro o anti industria, puso el foco en el volumen de actividad económica de este 2026. Marengo sostuvo que tocó un máximo histórico en enero. Pero febrero mostró una caída, y el economista fue preciso al describir por qué el dato agregado puede ser engañoso.
“El escenario es extremadamente heterogéneo”, señaló. Sectores como la agricultura, la minería, la energía y la hotelería operan en niveles récord. La industria y la construcción, en cambio, siguen rezagadas.
Esa heterogeneidad explica también el “mal humor” empresarial. Para Marengo, el problema no es la falta de ventas. “El mal humor no es tanto que no se produce o no se vende, sino que la rentabilidad cayó fuertemente”, afirmó.
Inflación en baja, pero el camino difícil está por delante
El economista proyectó que, tras el pico de marzo —que ubicó en 3,4%, influido por precios regulados y factores estacionales—, la inflación retomará su tendencia descendente. Para el segundo semestre, anticipa que los registros mensuales perforarán el 2% y podrían acercarse al 1,5%.
Sin embargo, fue enfático sobre los desafíos que implica esa última etapa de la desinflación.
La razón es estructural: cuando la inflación era alta, muchas empresas sostenían su rentabilidad a través de ganancias financieras y de la licuación de costos. Con precios más estables y brecha cambiaria reducida, esas ganancias “ficticias” desaparecen. “En la medida que baje la inflación, las empresas rentables van a ser las productivas”, señaló Marengo.
El crédito, bajo presión por tasas elevadas
Uno de los factores que frena la recuperación del consumo y la inversión es el nivel actual de las tasas de interés reales. Marengo describió la política monetaria vigente como “fuertemente contractiva”: el sector público absorbe pesos del mercado para comprar reservas en el Banco Central y pagar vencimientos de deuda en dólares.
El resultado es que las tasas reales se ubican entre el 4% y el 6% mensual por encima de la inflación. “Que alguien me explique cómo se pueden pagar tasas de interés entre el 4% y el 6% mensual por arriba de la inflación sin entrar en mora”, planteó.
Esa presión sobre el crédito frena sectores que dependen del financiamiento para operar o invertir, y es uno de los factores detrás del rezago de la industria y la construcción.
La agenda electoral ya entra en los cálculos financieros
Marengo no eludió el factor político. Apuntó algo que considera estructuralmente diferente a crisis anteriores: el superávit fiscal. “Es difícil pensar en un candidato que gane diciendo: ‘Volvemos al déficit fiscal’ o ‘No vamos a explotar los recursos naturales'”, planteó, sugiriendo que ciertos ejes del modelo actual tienen un piso político difícil de revertir.
Hacia el cierre de su exposición, Marengo vinculó los datos económicos con el desafío social más urgente. Sin rodeos, descartó atajos. “La única respuesta que tiene Argentina para bajar la pobreza es crecer. No hay atajos ni soluciones mágicas”, afirmó.


