La tierra de color rojizo y unos pocos arbustos que hay a la vera de la Ruta 503 les dan las escasas pinceladas de color que tiene el acceso a Guandacol, un pueblo ubicado en el departamento riojano de Felipe Varela. En la localidad viven 4.400 personas; vecinos que desde el 2003 encontraron una veta en la minería para seguir habitando ese terreno hostil. Algunos prestan servicios, otros trabajan directamente para las empresas. Por eso, cuando la jueza de Chilecito, Greta Decker, inhabilitó a Vicuña a usar el camino guandacolino, la reacción fue inmediata. Se organizaron y parieron a la Asamblea Guandacol Unido: después de tres encuentros en la plaza San Martín, decidieron cortar la Ruta 503 hasta que el gobernador Ricardo Quintela se haga presente. Al menos, eso es lo que dicen. Quieren que se reactive el uso del camino para volver a trabajar.
Letras corpóreas le dan vida al cartel que indica el ingreso a Guandacol. Allí, en la Ruta 503, los vecinos cortaron el acceso al pueblo. Algunos, sentados en reposeras de colores; otros, alimentando con leña un fogón que usan en la mañana temprano para calentarse. Todos se van turnando para levantar la soga que atraviesa el camino, que hasta el 16 de abril era transitado por camiones y camionetas que se dirigían a Vicuña. Las ambulancias son las únicas movilidades que tienen libre acceso y por las que levantan el corte sin objeciones.
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Los asambleístas se reunieron tres veces en la plaza San Martín después de la resolución de Decker. Además de juntar firmas para manifestar su oposición a la decisión judicial, coincidieron en manifestarse en señal de protesta cortando el acceso al pueblo. Estrenaron la metodología el lunes 27 de abril y continuarán a lo largo de la semana, si es que no son desalojados por la Policía. A pesar de que fueron invitados cinco asambleístas por el gobernador Quintela, los vecinos determinaron que era mejor negarse. Es que quieren que Quintela vaya a Guandacol y compruebe que los pobladores viven de la minería.
Andrés Quiroz, conductor de la empresa de transporte PAP —que provee servicios a Vicuña—, es parte de la asamblea. Dijo que desde hace cinco años trabaja para la firma y que su vida cambió desde que tiene un sueldo digno. “La minería resucitó a Guandacol. Los vecinos tienen sus emprendimientos que dependen del paso de los camiones y camionetas. Se quedaron sin nada de un día para otro y no vemos otra salida”, dijo el hombre.
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No tiene líderes claros la asamblea, sino que se muestra como un movimiento homogéneo en el que todos los votos valen lo mismo. Cuentan con asesoramiento jurídico y el apoyo fuerte de los comerciantes de Guandacol, cuyas ventas cayeron un 50% desde el 16 de abril. Es lo que contaron desde los supermercados San Nicolás y Al toque, ubicados frente a la plaza principal.
Alejandra Aciar se dedica al rubro gastronómico. Tenía dos empleadas, con quienes preparaba día a día viandas que compraban los transportistas que pasaban por el lugar. Tiene tres hijos y, en el primer día del corte, se descompensó. No puede controlar la tristeza cuando confiesa que tuvo que decirles a sus dos trabajadoras —que también son sus vecinas— que no podía continuar dándoles laburo. “Un hijo mío ya emigró, la minería significa para mí una oportunidad para que no se me vayan todos mis hijos porque no hay otras chances en Guandacol. La incertidumbre es infinita, no sabemos qué vamos a hacer”, relató visiblemente angustiada.
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Esas cacerolas y esas bandejas en las que Alejandra cocinaba viandas, ahora son usadas para darle vida a la olla popular con la que se llenan la panza los asambleístas. Juntaron $50.000 para comprar papas y pollo. “Los comerciantes nos hicieron descuento, nos cobraron $20.000 por la comida, es la forma que tienen de apoyarnos”, contó Carlos Alanis. El horno de barro que se encuentra en un terreno aledaño al corte cobró vida con la olla popular. Allí colaboran todos: hombres y mujeres lavan las papas, las pelan, las cortan y las separan en bandejas que luego meten en el hornito y en un disco que se alimenta con leña.
Décadas de éxodo guandacolino se interrumpieron por lo que generó la minería en el pueblo. Primero, Gualcamayo en el 2003 y ahora Vicuña. Gracias a la multiplicación del tránsito por el uso del camino, abrieron pequeños emprendimientos gastronómicos y de logística que proveen de servicios no de forma directa, pero que les permiten sumar ingresos a lo que perciben en concepto de becas ($80.000 por mes). “Acá todo el mundo cobra becas, pero con $80.000 nadie puede vivir, por eso con la minería mejoramos nuestros ingresos y podemos tener una vida más digna”, dijo una asambleísta que optó por no decir su nombre por recibir este beneficio del Estado.
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Guandacol está bajo la gobernación del intendente Hugo Páez. Según coincidieron los vecinos, está de acuerdo con el reclamo del pueblo. Hasta ahora, ha oficiado de interlocutor con los funcionarios de Quintela, pero como son de colores políticos no afines la comunicación no es tan fluida.
Los asambleístas van y vienen mientras escuchan radio La Voz, en donde se transmite el minuto a minuto de la protesta. En el centro del pueblo también tienen prendido el aparato y en sus vidrieras se pueden ver carteles de la Asamblea Guandacol Unido. Todos están movilizados por el silencio que ahora reina en las calles de la localidad. “A la noche pasaban los camiones, era música para nosotros porque significaba que nos iban a comprar. Ahora nos sentimos más solos”, apuntó Alejandra.
Minutos antes del mediodía, el comisario Marcelo Díaz se hizo presente en el corte. Es un rol complejo, porque es vecino, pero a la vez es la autoridad que deberá desalojar la ruta en caso de que haya una resolución judicial que así lo disponga. Hubo una comunicación tranquila entre asambleístas y las fuerzas de seguridad. Pero los manifestantes advierten que se quedarán en la Ruta 503 hasta que les dé una solución.
Mientras se pasan un mate, los vecinos se palmean la espalda. Un gesto para darse ánimo en el medio de la incertidumbre que genera no saber si van a tener trabajo el 16 de mayo o si deberán tomar alguna decisión que los obligue a emigrar en busca de una oportunidad laboral. La angustia del no saber los iguala. La angustia de no saber los une.


