David Peña es un especialista en grafología y caligrafía dedicado al análisis de escritos. Explicó a Tiempo de San Juan que, mediante una pericia caligráfica, se puede determinar al autor de los comunicados, aunque para ello se requiere previamente una base de datos que la escuela podría elaborar. De este modo, indicó que hacerlo es un proceso sencillo: se realizaría en el aula con la colaboración del docente, mediante un dictado simple de aproximadamente 12 a 15 renglones, pidiéndoles que escriban párrafos en diferentes estilos, imprenta mayúscula, cursiva y minúscula. “Estos escritos se recolectan y reservan como si fueran un examen o una prueba documental. La base de datos permite que, ante la aparición de un grafiti o un mensaje de alerta, un experto pueda cotejar los rasgos escriturales con los registros existentes”, expresó. El experto afirmó que el análisis de la información solo conllevaría una mañana y permitiría identificar rápidamente a la persona involucrada.
No obstante, Peña manifestó que la idea no es criminalizar, sino averiguar qué le sucede a ese alumno que escribió el mensaje en la pared, así como también a su entorno. No solo se puede saber quién redactó el mensaje con el estudio de los escritos, sino también descubrir las emociones que atraviesan al estudiante. Aquí es donde aparece la grafología, según Peña: “A diferencia de la pericia caligráfica, que busca identificar quién escribió un texto, la grafología se enfoca en lo que le sucede internamente a la persona en el momento de escribir”.
A través de esta disciplina, el experto observa diversos aspectos técnicos del grafismo, como la forma de las letras y su inclinación, el orden y la proporción entre mayúsculas y minúsculas, el tamaño y los enlaces entre letras, los cuales son especialmente importantes para evaluar la fluidez y espontaneidad. “Una escritura descendente nos habla de cierta depresión, desánimo y desgano”, señaló como ejemplo.
Peña enfatiza que la letra cursiva es la herramienta más acertada para la grafología. Al ser ligada, permite ver la continuidad de las ideas y el temperamento real de la persona. Por el contrario, la letra de imprenta corta la fluidez y la espontaneidad, lo que dificulta el examen del carácter. Por este motivo, insiste en la importancia de enseñar este tipo de letra en las escuelas, ya que manifiesta emociones y sentimientos del alumnado.
El especialista contó que ha presentado proyectos a directoras de Caucete que consisten en instruir a los docentes en puntos clave de la grafología para que puedan detectar, a través de los enlaces de las letras, signos de abuso infantil, violencia intrafamiliar o depresión a temprana edad. En conclusión, la escritura es el reflejo del carácter de las personas y expresa sentimientos que pueden ser clave para tratar casos de bullying y evitar el aumento de la violencia escolar.


