El trabajo artesanal hoja a hoja que recuperó parte de la historia de San Juan y guarda como un tesoro la Casa de Sarmiento


Antes de que el material pueda tocarse, hay un meticuloso ritual. La licenciada Eliana Castro, especialista en Biotecnología y Documentación, se coloca un guardapolvo blanco impecable, despliega una tela protectora sobre la antigua mesa de madera y recién después se ajusta unos guantes descartables. Frente a ella hay una caja de cartón cubierta por advertencias de “Frágil”. La abre con cuidado y, desde el interior, aparece otra estructura todavía más llamativa: una caja rígida con forma de libro, confeccionada especialmente para proteger un material que hoy es considerado una verdadera joya documental de San Juan. Allí descansan revistas históricas que durante años permanecieron guardadas sin poder abrirse. Sus páginas estaban tan deterioradas que apenas rozarlas implicaba correr el riesgo de verlas deshacerse entre los dedos. Sin embargo, después de un año de trabajo artesanal, especializado y minucioso, esos ejemplares volvieron a ser hojeados.

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La escena ocurre dentro del Museo y Biblioteca Casa Natal de Sarmiento, que recientemente recibió el producto de un ambicioso proceso de restauración y digitalización de documentos fundamentales para la memoria histórica sanjuanina. El trabajo fue realizado de manera conjunta entre la institución local y la Biblioteca del Congreso de la Nación, y permitió recuperar materiales que no sólo conservan parte de la historia de Domingo Faustino Sarmiento, sino también fragmentos de la vida cotidiana del San Juan pre y post terremoto de 1944.

Las piezas intervenidas fueron 16 fascículos de la revista Sarmiento, tres ediciones de la revista El Progreso y el histórico Primer Libro Copiador, que guarda los primeros detalles del museo creado hace 115 años; todos encuadernados de época que forman parte del acervo documental del museo. Las revistas fueron recibidas esta semana, en tanto que la llegada del libro se espera dentro de un mes.

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Un trabajo artesanal página por página

La restauración no consistió simplemente en “arreglar” revistas antiguas. El proceso realizado en la Biblioteca del Congreso demandó tareas extremadamente delicadas y materiales específicos diseñados para evitar nuevos deterioros.

“La guarda primera es esta”, explica Castro mientras sostiene la caja que protege las publicaciones. El contenedor fue fabricado con cartón rígido libre de ácido y revestido con tela especial de encuadernación realizada sobre base de algodón. Incluso los adhesivos utilizados fueron seleccionados especialmente para evitar reacciones químicas que dañen el papel con el paso del tiempo. “Todo está pensado para que soporte tanto el peso de los ejemplares como el movimiento propio de las revistas”, detalla.

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En el interior, cada edición permanece separada de la otra mediante cartulinas y papeles especiales también libres de ácido. Nada toca directamente nada. Cada capa funciona como una barrera de protección.

Durante décadas, las revistas permanecieron cosidas y sujetas con ganchos metálicos dentro de un único volumen encuadernado. El paso del tiempo, la oxidación y las condiciones ambientales terminaron debilitando las hojas al punto de volverlas casi intocables. “Antes no las podíamos ver porque las tocabas y se deshojaban. Era muy posible que se rompieran”, resume Castro.

Para recuperarlas fue necesario desmontar completamente la encuadernación original. Se retiraron los ganchos metálicos, se reemplazaron por hilos de algodón y se repararon las páginas utilizando papel japonés y pegamentos especiales libres de ácido elaborados sobre base de metilcelulosa. La intervención permitió devolver flexibilidad a las hojas y garantizar que puedan manipularse sin riesgo. “Los hilos se pueden tensar o aflojar para proteger el material y permitirle movimiento”, explica.

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Pero el trabajo no terminó allí. Todo el contenido también fue digitalizado en distintos formatos. Las versiones PDF serán las destinadas a consulta pública, mientras que los archivos TIFF de alta resolución funcionarán como “archivo madre” para preservación permanente. Además, se generaron versiones en JPG.

Una ventana al San Juan que desapareció

Más allá del valor patrimonial de las revistas, el contenido que guardan convierte a estas publicaciones en una cápsula del tiempo.

La revista Sarmiento era dirigida desde la propia Casa Natal de Sarmiento y las ediciones conservadas abarcan años anteriores y posteriores al terremoto de 1944. El ejemplar más antiguo que integra la colección restaurada corresponde a 1939 y tiene incluso un formato diferente al resto.

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En sus páginas aparecen artículos educativos, históricos y culturales vinculados al pensamiento sarmientino. Esos textos permiten reconstruir hoy cómo era la vida cotidiana de los sanjuaninos en aquella época. “El contenido es muy interesante porque tiene, por ejemplo, muchos artículos sobre cuando empieza a armarse la historia departamental de San Juan”, explica Castro. A fines del siglo XIX, varios departamentos todavía no tenían una organización consolidada y parte de esas discusiones quedaron registradas en estas publicaciones.

Pero además sobreviven detalles mucho más domésticos y cotidianos. “Hay consejos para la mujer, para la vida diaria, para la educación de los niños, para el cuidado personal. También artículos sobre educación, bibliotecas, archivos y textos específicos sobre Sarmiento y su familia”, enumera.

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Sin embargo, uno de los aspectos más llamativos aparece en las publicidades. Entre las páginas restauradas pueden verse anuncios de bodegas, negocios históricos sanjuaninos, promociones vinculadas a la vid, publicidades de cigarrillos, indumentaria, costura y comercios que formaban parte de la vida urbana de aquel San Juan que desapareció con el terremoto. “Son indicios que permiten hacer una reflexión sobre la vida cultural y social de esa época”, sostiene Castro.

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Entre el material recuperado también aparecen tres ejemplares de otra publicación histórica: El Progreso, editada en 1950 y vinculada a la Sociedad de Socorros Mutuos y a la escuela Obreros del Porvenir, fundada por la masonería sanjuanina.

El desafío de conservar documentos en un clima hostil

La directora de la Casa Natal de Sarmiento, Lucía Gonzalez, explicó que el proyecto comenzó hace aproximadamente un año, a partir de una preocupación concreta vinculada a la preservación documental en San Juan. “Hace un año atrás nos reunimos con el licenciado Alejandro Santa, director de la Biblioteca del Congreso, para resolver un tema preocupante como es la conservación de documentos históricos en soporte papel”, recordó.

El problema no es menor. El clima desértico de la provincia representa un enorme desafío para cualquier archivo histórico. “La delicadeza de este material, en un clima como el de San Juan, implica conocimiento, erogaciones y capacidad de gestión para su conservación”, explicó Gonzalez.

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La funcionaria remarcó que el objetivo central fue garantizar que el patrimonio documental pueda llegar a las próximas generaciones: “Preservar el acervo legado del museo para el futuro fue siempre la prioridad”, sostuvo.

También destacó el trabajo realizado por el equipo técnico de la Biblioteca del Congreso, al que definió como un proceso completamente artesanal. “Han dedicado días enteros y reorganizado su propia agenda para recuperar estos documentos que son nuestros, que son de San Juan”, afirmó.

Al mismo tiempo resaltó que, durante años, gran parte de este material permaneció fuera de circulación por su fragilidad. Ahora, gracias a la digitalización, podrá volver a ser consultado. “A partir de la próxima semana vamos a invitar a los sanjuaninos a compartir este material en su formato digital”, adelantó Gonzalez. Y aseguró: “Esto no es para que quede guardado como un tesoro propio del museo. Queremos distribuir el conocimiento en la comunidad”.

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La entrega oficial del material vinculado a las revistas se realizó esta semana y contó con la presencia del director coordinador general de la Biblioteca del Congreso, Alejandro Santa; el director de Contabilidad y Administración, David Alazraki; los diputados nacionales José Peluc y Abel Chiconi; y el senador Bruno Olivera, legisladores que fomentaron la realización de la tarea según destacó Gonzalez.

Próximamente, cuando los especialistas traigan el Libro Copiador, se realizarán talleres de conservación de papel destinados a trabajadores de museos, bibliotecas, archivos, estudiantes universitarios y especialistas vinculados al patrimonio documental. “Queremos compartir la formación y que San Juan pueda desarrollar este tipo de trabajos acá, porque tenemos muchísimo material importante que necesita ser resguardado”, señaló.

La intención también apunta a despertar interés en las nuevas generaciones y generar nuevas vocaciones vinculadas a la archivística, la conservación y la historia. La funcionaria remarcó que muchos jóvenes ya utilizan el museo como un espacio de encuentro y participación cultural, y que ahora buscarán acercarlos también a este nuevo material histórico. “Vamos a generar actividades para contagiar curiosidad y ayudar a llenar esos huecos vacíos que tenemos de conocimiento histórico tan nuestro”, expresó para finalizar.

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